lunes, 20 de abril de 2026

Primero viene el veneno y luego la pena (Fanfic Guerreras Kpop) - Capítulo 1



Primero viene el veneno y luego la pena

Celine y Rumi al pasar de los años. Una historia sobre la infancia de Rumi y cómo se reconcilia con Celine en su adultez.



Capítulo 1

Mi-yeong hizo que Celine prometiera que, si algo le pasaba, ella iba a cuidar a su beba: Rumi, que era mitad humana y mitad demonio de parte de su padre. Celine deseaba no tener que hacerlo, deseaba no perder a su compañera, pero ella terminó muriendo a manos de unos demonios y el cuidado del bebé se volvió la responsabilidad de Celine.

Tras el fallecimiento de Mi-yeong, la Honmoon quedó sellada por un tiempo por la conmoción de los fans de las Sunlight Sisters, pero el grupo de K-Pop estaba destruido... Ya que Da-som, la compañera restante de Celine, no podía perdonar a Mi-yeong por haber tenido un hijo con un demonio siendo cazadora. También estaba enojada con Celine por aceptar cuidar a Rumi, así que no quería seguir trabajando con ella.
Sin embargo, ese día, Da-som aceptó hablar con Celine una última vez.
Era un invierno del año dos mil y Rumi tenía un mes y medio de nacida. Las dos ex-compañeras se miraron desde arriba de un puente vacío, Celine sostenía a Rumi en su brazo de forma protectora y con la otra mano blandía una de sus dos espadas.
-Debes matarla -dijo bruscamente Da-som, sosteniendo su arco-. Es un demonio, Celine.
-No tiene marcas. ¿Ves alguna en su piel? -respondió Celine en forma de negociación-. Además, es solo una beba.
Da-som bufó.
-Es hija de ese demonio, por lo que ella también es uno. Nos han enseñado que debemos matar a todos los demonios, sin importar qué. Si no la matas ahora, no volveré a las Sunlight Sisters.
-Pero, ¿y la Honmoon...?
-Tú estás poniendo en riesgo a la Honmoon al dejar que ese monstruo siga viviendo.
-¡No es un monstruo! -exclamó con indignación-. Es todo lo que nos queda de Mi-yeong, y le prometí que iba a protegerla. Por favor, Da-som... Ven conmigo. Con nosotras. -La miró, bajando la espada-. Te necesitamos.
Da-som pensó por un momento y luego miró a Celine y a la bebé con disgusto.
-Feh. Haz lo que quieras, pon tu tonta promesa por sobre la seguridad del mundo si quieres. Que conste que esto es un error del que no formaré parte -Les dió la espalda-. Seguiré cazando demonios cuando aparezcan de nuevo, pero lo haré sola. No quiero volver a verte hasta que recapacites, Celine.
Celine abrió los ojos de par en par. Guardó su espada y extendió su mano hacia Da-som; el movimiento despertó a Rumi e hizo que comenzara a llorar.
-¡Por favor, no te vayas!
Da-som la miró de reojo, en silencio. Luego, saltó a las rocas del río debajo de ellas hasta adentrarse al camino que llevaba de vuelta a la ciudad. Desapareció de la vista de Celine.
Celine sintió unas lágrimas formándose en sus ojos, pero no cayeron. «Mis miedos y fallas no muestro jamás», pensó. Cerró los ojos y meció a Rumi en sus brazos, poniendo su frente sobre la suya. Rumi se tranquilizó y dejó de llorar.
-Todo estará bien -le susurró.

***

Celine regresó a la estancia aislada a la que se había mudado e ignoró que ya no sentía la conexión mística con Da-som en sus costillas. Habían pasado más o menos dos horas desde la última vez que Rumi comió, así que Celine la dejó en la cuna y fue a la cocina. Luego, hirvió agua, la dejó enfriar un rato y la puso en el biberón tras lavarlo. Tras eso, añadió el polvo de la fórmula según decía la lata y la agitó. Dejó que el biberón se enfriara un poco y después fue con Rumi para dárselo de beber.
Celine sostuvo a Rumi mientras le daba el biberón y cantaba una canción de las Sunlight Sisters en voz baja, con la Honmoon brillando bajo sus pies.
En ese momento, tuvo un poco de tiempo para pensar en qué haría después. Ya no tenía su grupo y ya no tenía a sus compañeras, solo a Rumi... Pero se dio cuenta de que sin importar cuánto tiempo tuviera, no estaba en el estado para que se le ocurriera una solución a lo que estaba pasando.
Rumi terminó de tomar y Celine la hizo eructar, luego, la bebé se puso cómoda en los brazos de Celine, lo que enterneció a la mujer aún más.
-Eres todo lo que me queda en esta vida -susurró.

***

Pasaron los años y Celine y Da-som siguieron sus carreras por separado, aunque Celine tuvo un perfil mucho más bajo hasta que finalmente desapareció, al no poder mantener el ritmo al estar criando a Rumi. Ella ya tenía cuatro años y conocía el rostro de su madre pero casi nada de la historia de su padre.
Celine estaba entrenando con sus espadas en la sala de entrenamiento de la estancia. Entonces, Rumi, que estaba mirando desde una distancia segura, dijo:
-¿Tengo dos mamis?
Celine se detuvo en seco y guardó sus espadas. Rumi estaba observando la foto de Mi-yeong en la pared con los dedos en la boca, sentada en un almohadón.
-No, tienes una sola: Mi-yeong.
Rumi inclinó la cabeza hacia un lado.
-¿Y tú qué eres?
-Yo soy tu guardiana.
-¿Entonces por qué tú estás conmigo y no Mi-yeong? -dijo con simpleza, como si no hubiera partido el corazón de Celine en dos.
Celine se quedó en silencio, sin saber qué decirle. Entonces, Rumi sonrió.
-¡Ahora quiero escuchar cantar a mami!
Celine suspiró con una sonrisa, aliviada de que Rumi se aburrió del otro tema. Fueron a la sala y escucharon uno de los CDs de las Sunlight Sisters que tenía Celine. Mientras tanto, Rumi se quedó mirando otra foto que había de Mi-yeong ahí.
-Ah, quiero tener el pelo como ella -dijo.
Celine le sonrió.
-Siéntate dándome la espalda, te haré su peinado. Te va a quedar precioso.
Celine trenzó el pelo de Rumi mientras cantaban las canciones al unísono, lo que rápidamente se convertiría en una tradición. No cantaban el mantra de las cazadoras, no todavía; la Honmoon seguía fuerte por el nuevo álbum de Da-som, sin importar cuán enojada Celine estaba con ella. En esos momentos no había porqué preocuparse por los demonios, y Rumi no tenía marcas - no aún - así que Celine casi podía olvidar su origen.

***

Un año después, Celine se despertó de un salto a la madrugada al sentir una grieta en la Honmoon. Era la primera vez que pasaba en años...
Tras comprobar que Rumi estaba bien, Celine llamó a una de sus mentoras, Ji-hye, para que la cuidara mientras ella iba a cazar. Ji-hye llegó rápidamente y Celine se fue corriendo a matar a los demonios.
Ya en el campo de batalla - un callejón - Celine decapitó a dos de los demonios con sus espadas y se preparó para atacar al tercero. Sin embargo, cuando iba a atacar, el enemigo ya se había convertido en polvo. Había alguien más luchando...
La miró. Da-som.
-Estás mal, Celine -dijo con una sonrisa burlona-. Antes hacías ese movimiento en la mitad del tiempo.
Todo el enojo de Celine se esfumó al verla a los ojos. Guardó sus espadas y se acercó, confundiendo su sonrisa por una de verdad.
-D-Da-som...
-¿Sigue viva? -le preguntó con una expresión fría, poniendo distancia entre ellas.
-¿Mm?
-Esa demonio a la que llamas Rumi... ¿Sigue viva?
Toda la calidez en la expresión de Celine desapareció.
-No le digas así.
-¿Es tu "hija" ahora?
Celine retrocedió como si la hubieran golpeado, con los ojos como cristal roto.
-No. No, no es mi hija.
-No estás haciendo nada por la Honmoon. No cantas. Proteges demonios. ¿Qué es lo que te pasa? -preguntó Da-som con enojo.
«Mis miedos y fallas no muestro jamás. Mis miedos y fallas no muestro jamás». Pero de todos modos le temblaban las manos.
-Sabes que Mi-yeong... -comenzó a explicar.
-Mi-yeong murió hace cinco años y no sabe lo que desató. Adiós, Celine.
Celine observó a Da-som desaparecer en el cielo estrellado, apretando los puños.

***

Luego, volvió a casa. Rumi la esperaba en la puerta con su peluche en la mano.
-Rumi. ¿Qué haces aquí afuera?
Ji-hye apareció.
-Lo siento, no pude detenerla. Ella quería esperarte aquí.
-Ya veo. Gracias por cuidarla, maestra Ji-hye.
Hizo una reverencia y, tras eso, Ji-hye se despidió de ellas y se fue. Celine y Rumi volvieron a entrar a la estancia y Celine arropó a la niña en su cama.
La vida de Celine había cambiado drásticamente desde que dejó de ser una Idol. Pero mientras le cantaba una canción a Rumi para que se durmiera, y veía su sonrisa dormilona, pensaba que todo lo que estaba haciendo valía la pena.

***

Pasaron cuatro años hasta que Rumi, a los nueve, se conectó con la Honmoon. Celine se dió cuenta cuando estaban escuchando un CD y Rumi cantó como siempre, pero entonces, la Honmoon cantó con ella.
Celine no sabía qué pensar. No quería que Rumi fuera una guerrera - no quería que estuviera en peligro - pero al mismo tiempo, le alegraba que compartiera algo con Mi-yeong. Pensándolo bien, era obvio que esto iba a pasar...
Se sintió feliz por un instante y, como para arruinarlo, fue en ese mismo momento en el que, por primera vez, Celine notó algo en el hombro de Rumi mientras ella bailaba la canción en el sillón.
Una mancha violeta.
Celine frunció el ceño y Rumi rápidamente lo notó.
-¿Qué pasa?
Celine tocó su hombro, como comprobando si lo que veía era real. Por desgracia, la mancha no desapareció cuando la tocó.
-Rumi, ve a ponerte una remera con mangas más largas.
-¿Por qué? -Miró su hombro-. ¿Es fea?
-¿Hace cuánto te salió esa marca?
Rumi llevó sus hombros a sus orejas.
-No sé. Me desperté hoy y ya estaba, creo.
Celine suspiró.
-Tenemos que mantener esa marca escondida a toda costa, Rumi. Es importante -dijo seriamente.
Rumi la miró con confusión. Tras un momento, asintió con una sonrisa, como si estuvieran compartiendo un secreto gracioso.
Celine pensó que se había terminado el asunto, pero luego, Rumi hizo otra pregunta.
-¿Tiene algo que ver con mi papi?
-No es "tu papi". Es un demonio que manipuló a tu madre -dijo, repitiendo lo poco que le contó sobre su papá. Fue como si la música hubiera desaparecido.
-Mi papi- El demonio es malo -dijo Rumi con tristeza-. ¿Pasó lo malo hacia mí, entonces?
Celine hizo una pausa. No notó el movimiento que se acercaba a la puerta.
-No te preocupes. Esconderemos la marca.
Algo cambió en la expresión de la pequeña Rumi entonces.
-¿Pero igual me amas?
Antes de que Celine pudiera responder, la puerta fue derribada y aparecieron unos demonios.
-¡Dános a la hija de Jae-won ahora! ¡Gwi-Ma no va a permitir que un demonio se escape de su control por más tiempo! -exclamó uno de ellos.
«¿Qué? ¿Cómo supieron que Rumi está aquí?» pensó Celine, invocando sus espadas y poniéndose en posición de pelea.
-¡Rumi, escóndete, ahora! -exclamó Celine.
Rumi se fue corriendo y se escondió adentro de la mesada de la cocina. En la oscuridad, escuchó el sonido de cómo Celine mataba a los demonios.
Jae-won... ¿Ese era el nombre de su papá? Nunca lo había escuchado. ¿Él la estaba buscando? ¿Y qué era "Gwi-Ma"?
Tras un rato, hubo silencio. Rumi salió del escondite lentamente y regresó a la sala. Celine estaba intacta, sin embargo, tenía sangre en la cara y su suéter estaba roto.
-¡Celine! ¿Estás bien?
-Sí, solamente son heridas superficiales. Empaca tus cosas en el bolso que está en tu cuarto, pasarás unos días con tu abuela Ji-hye.
-¿Qué? ¿Por qué...?
Celine se agachó hasta estar a la altura de Rumi y puso sus manos en sus hombros.
-No sé cómo es que esos demonios te encontraron... Pero es posible que regresen, así que es importante que te escondas hasta que yo termine con todos los que puedan venir y fortalezca la seguridad de la estancia.
Rumi la miró con preocupación.
-¿Te vas a quedar aquí sola?
Las cejas de Celine se doblaron en una expresión conmovida.
-Estaré bien. Soy una guerrera desde que tenía quince años, he luchado contra cosas peores. Vamos, trae tu bolso y te ayudaré a guardar tus cosas.
Celine se levantó y Rumi se quedó parada frente a ella por un momento, con las manos juntas, aún esperando que respondiera su pregunta anterior.
«¿Pero igual me amas? ¿A pesar de mis marcas? ¿Aunque estemos en peligro por mi culpa?»
-Rumi, ve -le repitió.
Rumi frunció el ceño. Asintió y subió las escaleras para ir a su cuarto, pero se detuvo antes de llegar. Se quedó parada en un escalón por un momento, mirando a Celine, que estaba curando sus heridas. Luego, se fue a su cuarto sin decir nada más.
En la soledad de la habitación, mientras buscaba su bolso, sintió una quemazón en la marca violeta de su hombro. Pero Celine estaba ocupada, herida. Lo que le estaba pasando era algo para después...
Al final, Rumi se fue a lo de Ji-hye sin siquiera mencionar el asunto.

***

Rumi pasó unas semanas en lo de Ji-hye, cada noche extrañaba que Celine le cantara canciones antes de dormir. Entonces, una mañana cualquiera, la mujer recibió una llamada y, cuando cortó, le dijo a Rumi que tomara su cosas y se subiera al auto. Iban a volver a la estancia.
Rumi tuvo una sonrisa en la cara durante todo el viaje. Cuando llegaron, desde lejos, pudo ver que el portón antiguo que daba a la entrada, que antes estaba roto, había sido arreglado y fortalecido. Celine salió de él y esperó a que Ji-hye estacionara el auto, saludando con la mano. Cuando se detuvo, Rumi se sacó el cinturón y bajó. Abrazó a Ji-hye, Celine le agradeció como siempre y luego la anciana se fue.
Entonces, Rumi corrió a abrazar a Celine. A pesar de que Rumi solo tenía nueve, saltó hacia su guardiana con tanta fuerza que ella tuvo que dar un paso para atrás para no caerse al pasto.
Celine se quedó congelada, mirando a la niña que la abrazaba con los ojos cerrados fuertemente, como si hubiera temido por su vida. Tras un momento, Celine puso sus dedos sobre su cabeza, frunciendo el ceño. Luego, Rumi la soltó.
-¡Te extrañé, Celine! -Apuntó a su pelo despeinado-. La abuela no sabe cómo hacerme la trenza como tú.
Celine le sonrió. Tomó la mano de Rumi y caminaron hacia la entrada.
-Vamos a comer y luego te haré la trenza.

***

Después de la hora de comer, Celine trenzó el pelo de Rumi frente a la tumba de Mi-yeong. Estaba cantando una canción diferente a las de siempre.
«Ser guerrera es mi don,
con poder en mi canción
los demonios morirán,
y nuestra luz ya brillará»...
Rumi frunció las cejas al escuchar la letra, mirando fijamente las flores nuevas en la tumba. Como si fuera un tic nervioso, ella se levantó la manga y miró la marca en su hombro. Había crecido un poco. Celine notó lo que hacía y la volvió a bajar, luego, le sonrió.
-La arreglaremos, Rumi. Mañana empezaremos tu entrenamiento para que seas una cazadora y puedas convertir a la Honmoon en dorada en el futuro.
-¿Y entonces las marcas desaparecerán?
Celine asintió.
-Por supuesto.
Hubo silencio por un momento. Rumi miró a Celine.
-Celine... Ese Jae-won... ¿Es el demonio que engañó a mami?
-Sí.
-¿Y esos demonios me estaban buscando?
-Sí, pero no te preocupes, ya nadie puede volver a entrar a la estancia. Y si entran más demonios, los mataré.
Rumi le sonrió y acomodó la cabeza para que Celine siguiera haciendo la trenza. Fingió que la posibilidad de que alguno de ellos fuera su padre no le revolvía el estómago.

***

Al día siguiente, Celine llevó a Rumi a la sala de entrenamiento y le empezó a enseñar combate cuerpo a cuerpo. Primero hicieron un calentamiento y Celine le enseñó como ponerse en posición de pelea correctamente, ese primer paso tomó una hora.
Durante los primeros días, Rumi simplemente daba golpes al aire siguiendo instrucción; cuando se manejó lo suficientemente bien con eso, empezó a tener combates controlados contra Celine. Rumi siempre terminaba temblando, jadeando y de mal humor, pero tras un mes, empezó a acostumbrarse a entrenar, y pudo encajar algunos golpes a Celine, a pesar de que aún era débil.
Un día, volvieron a entrar a la sala y Rumi se puso en posición de combate cuerpo a cuerpo inmediatamente. Sin embargo, Celine se acercó al estante en la pared y tomó dos de las espadas de madera. Se quedó con una y le ofreció la otra a Rumi.
Rumi miró la espada, luego a Celine, como confirmando que se la estaba dando, y Celine asintió. Rumi la sostuvo torpemente.
Celine acomodó la espalda de Rumi, que estaba encorvada.
-Pon un pie adelante y flexiona las rodillas.
Rumi hizo eso mismo.
-No tan flexionadas, y relaja los hombros. Separa los pies más.
Rumi separó sus pies al ancho de los hombros, y exhaló, nerviosa. Ni siquiera habían empezado el entrenamiento y ya quería irse... Usar un arma no era lo mismo que usar sus puños.
-Bien. No apretes tanto la espada, y pon tu mano dominante más arriba, la otra va más abajo -dijo Celine tranquilamente.
-¿Qué es "mano dominante"?
-La mano dominante es la mano con la que escribes.
-Pero yo puedo escribir con las dos.
Celine levantó una ceja. La había visto sosteniendo dos crayones al dibujar a veces, pero no le había prestado atención hasta ese momento.
-Bueno... Usa tu mano derecha como la dominante, como en los combates.
Rumi asintió y acomodó las manos. Estuvieron practicando los distintos tipos de posiciones por horas hasta que a Rumi le temblaron los brazos solo al sostener la espada.
-Bueno. Ya es hora de descansar -dijo Celine-. Estírate un poco y volveremos a la estancia.
Rumi hizo un estiramiento breve siguiendo lo que decía Celine. Le dolían los hombros y le ardían los antebrazos, ya no podía levantar las manos sin que le pesaran. Pero ya había aprendido que el dolor tras el entrenamiento no duraba mucho.

***

Salieron de la sala y comieron, al haber usado tanta energía, Rumi devoró su plato en un instante.
-Descansa bien, porque en media hora empieza tu entrenamiento de canto -dijo Celine. Su plato aún seguía lleno.
Rumi levantó la mirada de su jugo, anonadada.
-¿Qué? ¡Pero estoy muy cansada!
Celine la miró con seriedad. Odiaba hacer que Rumi pasara por esto, pero era por su bien. Mientras más entrenara Rumi, más rápido estaría lista, más rápido convertiría a la Honmoon en dorada, y así podría tener una vida normal...
-Es importante que entrenes. De lo contrario, no tendremos...
-A la Honmoon dorada -murmuró Rumi, cabizbaja-. Que es para arreglarme. Ya sé.
Terminaron de comer y Rumi durmió una siesta. Pasaron diez minutos y Celine la despertó.
Le enseñó a cómo hacer calentamiento antes de cantar y, por primera vez, Rumi cantó una canción de las Sunlight Sisters de modo más serio.
Celine sonrió mientras la escuchaba. Aunque desafinaba, ciertamente tenía una voz hermosa. Así, se parecía un poco a Mi-yeong...
Antes de que se diera cuenta, los ojos de Celine se llenaron de lágrimas y Rumi se quedó en silencio. ¿Alguna vez la había visto llorar?
-¿Celine? ¿Qué te ocurre?
Celine se cubrió la cara.
-N-nada. -Sonrió-. Es que me recuerdas a tu madre.
Rumi la miró con confusión. No conocía realmente a su madre, así que no sabía si eso era bueno o malo.
-Sigue cantando, no te distraigas -agregó.
Rumi asintió y continuó.

***

Al día siguiente, Celine empezó a enseñarle a Rumi a como usar la espada para atacar.
Durante días, Celine esquivaba sus golpes con facilidad y la desarmaba como si no fuera nada, hasta que, de a poco, Rumi pudo empezar a contraatacar.
Pasaron meses así: Entrenando el combate cuerpo a cuerpo, cuando terminaban eso, cantaban, cuando terminaban eso, entrenaban con espadas.
Y las marcas de Rumi seguían creciendo, y Celine se volvía cada vez más estricta. «Tus miedos y fallas no debes mostrar jamás, Rumi». Rápidamente la niña aprendió que tenía que tenerle miedo a su lado demonio y que sus marcas eran una falla.
Pero, a veces, cuando Rumi encajaba un golpe con gracia, o cantaba una nota difícil perfectamente, Celine le sonreía como antes. Rumi haría cualquier cosa por ver esa sonrisa de nuevo, incluso exigirse más y entrenar tiempo extra a solas.
Rumi haría cualquier cosa por Celine. Por eso, sus marcas estaban a medio camino de llegarle a los codos.

***

Una noche, Celine escuchó llanto proveniente del cuarto de Rumi. Era silencioso, si no fuera por el oído entrenado de Celine, probablemente no lo hubiera notado.
Celine fue donde Rumi, que estaba escondida bajo su sábana, hecha bolita. Se sentó a un lado del colchón y puso su mano donde suponía que estaba su hombro.
-¿Por qué lloras, Rumi? -preguntó suavemente.
Rumi se destapó y se sentó, su cara entera estaba mojada por lágrimas y tenía el pelo pegado a la cara. El corazón de Celine se rompió en miles de pedazos.
-Es que mis m-marcas... -Se sorbió los mocos y apuntó a su brazo izquierdo-. Llegaron hasta mi otro hombro...
Celine la miró con preocupación. Las marcas, que antes eran de un color violeta claro, ahora eran más oscuras y gruesas.
-Las arreglaremos -repitió, intentando sonar optimista.
Por alguna razón, Rumi empezó a llorar más fuerte y enterró su cara en sus manos. Celine la observó, sin saber qué hacer.
-¡No, soy mala! ¡Soy un demonio como Jae-won!
-¡Claro que no! ¡No es así, Rumi! No eres un demonio... Todavía podemos arreglarlo, todavía podemos esconder tus marcas. ¿Sabes qué sí eres? -Le hizo una caricia en la mejilla-. Una cazadora, como tu madre.
Rumi la miró, sin ánimo.
-¿Entonces por qué tengo marcas?
-No es tu culpa. -Le dió un beso en la frente-. Mañana no vamos a entrenar. Vamos a hacer algo divertido, ¿sí?
Los ojos de Rumi se iluminaron.
-¿En serio? ¿Qué vamos a hacer?
Celine sonrió.
-Es una sorpresa.

***

Al día siguiente, Rumi y Celine despertaron un poco más tarde. Pasaron por la ciudad para comprar comida, luego, regresaron a la estancia y guardaron todo en dos mochilas grandes que iban a llevar. También guardaron bolsas de dormir, linternas, un anafe, agua y un botiquín. Celine le puso una campera abrigada a Rumi y protector solar en la cara. Rumi estaba vibrando de la emoción y curiosidad porque Celine todavía no le había explicado nada.

***

Salieron de la estancia y viajaron hasta el centro de información de Bukhansanseong, allí, Rumi finalmente vió un mapa de a dónde irían: el monte Baegundae.
El camino de madera ascendente en el que comenzaron estaba lleno de personas, pero Celine tenía el pelo atado, un sombrero y lentes para que nadie la reconociera como una Sunlight Sister.
Los árboles que las rodeaban eran altos e imponentes, y a lo lejos se podían ver acantilados. Por fuera del camino de madera, el suelo estaba lleno de piedras gigantes y vegetación. Mientras caminaban, Rumi no podía dejar de mirar a sus alrededores, maravillada. En un momento, se encontraron con un río, y Rumi apretó la mano de Celine para indicarle que quería detenerse a ver cómo el agua salía de las rocas por unos minutos más.
Las escaleras del camino se volvían más y más largas a medida que avanzaban. A Rumi le empezaban a pesar las piernas y le dolían los pies, pero quería seguir.
Ya más arriba, había piedras más grandes que Rumi y Celine cubiertas de musgo sobre la tierra. Rumi sonrió, diciendo: "¡Wow!" y se detuvo a tocar una de las piedras.
-No toques eso...
-¡Pero es hermoso!
Siguieron caminando. Había árboles inclinados sobre ellas, y Rumi se detuvo a tocar sus hojas. A medida que subían, había cada vez más verde y menos personas. Pasaron por un templo, pero a Rumi no le impresionó porque vivió cerca de uno toda su vida.
-¿Quieres ver el templo?
-Nah, sigamos.
Las cosas empezaron a ponerse serias cuando una parte del camino dejó de ser de madera y empezó a estar conformado por piedras irregulares. Celine tenía que ayudar a Rumi a subir, se estaban elevando rápidamente. Para ese momento, las mejillas de Rumi ya estaban enrojecidas por el cansancio y el sol, pero Celine estaba tan bien como siempre.
Cuando el sol empezó a ocultarse, Celine y Rumi se sentaron en la tierra, lejos del camino para no obstruirlo. Celine sacó el anafe y preparó ramyeon para ambas.
Cuando ya estaba la comida, Rumi sopló su vaso de ramyeon, el aroma a salsa picante le hacía rugir el estómago. Terminó de comer en un instante y tuvo que esperar a Celine.
Tras un rato, se levantaron y siguieron caminando. Volvieron a encontrarse con un camino de madera, pero ahora era cien por ciento escaleras en lugar de un puente.
Los árboles las rodeaban mientras subían, podían ver las montañas entre las nubes y la ciudad de Seúl empezaba a asomarse desde abajo. A lo lejos, podían ver a personas que estaban escalando las rocas de Insubong; pero Celine no estaba tan loca como para decirle a la pequeña Rumi que hicieran esa actividad. Quizá cuando sea mayor.
Entonces, cayó la noche. Rumi nunca había visto algo así: El cielo negro se sentía más cercano y tenía más estrellas que nunca. Estaban a menos de un kilómetro de la cima y el camino eran puras piedras, con unas escaleras delgadas con barandillas. Rumi dejó de caminar y se quedó mirando el paisaje, intimidada. Había una roca frente a ella que, a su parecer, era más alta que su casa. Celine la miró.
-¿Qué pasa, Rumi? ¿Quieres bajar?
Rumi tragó saliva y bebió un poco de agua de su botella, ya estaba caliente. Negó con la cabeza y Celine le sonrió.
-Yo sabía -dijo, y siguieron subiendo.
Al estar en subida, era difícil levantar los pies y no caerse para atrás, era como si estuvieran siendo empujadas para abajo. Celine sostenía la mano de Rumi fuertemente; podía ver una expresión de concentración en la cara de la niña, que apretaba los labios.
El camino se volvió cada vez menos recto y hasta Celine se vió obligada a escalar. Se subió a una roca para seguir el camino a la cima y levantó a Rumi de las axilas para que la siguiera. Toda la gente que faltaba antes estaba amontonada en el delgado camino hasta arriba.
Pasaron unos treinta minutos así, con Rumi teniendo que alzar sus piernas hasta su estómago para poder seguir caminando y tomándose varios descansos para respirar. Rumi estaba dispuesta a seguir caminando sobre las piedras para siempre, hasta que Celine, eventualmente, la detuvo.
-Ya llegamos a la cima -dijo-. Voltéate.
Rumi se dió la vuelta. Podía ver toda la ciudad de Seúl desde allá arriba, rodeada por los árboles. También podían ver el río Han; ambas cosas se veían diminutas como hormigas desde ahí.
Rumi se apoyó en la barandilla y admiró la vista, con la mandíbula colgando y los ojos abiertos de par en par. Estaba roja y sudada, con las piernas cansadas, pero todo el esfuerzo había valido la pena.
La niña miró a Celine, que estaba a su lado, con una sonrisa inmensa. Celine le sonrió también, como diciendo: "Es genial, ¿no?"
-¡Amo este lugar! ¡Gracias, Celine!
Celine se acercó y la abrazó, y el corazón de Rumi cantó de felicidad.
Luego, ambas se sacaron unas fotos y bajaron.

***

Cuando volvieron a casa y Rumi se miró los brazos, sus marcas se habían retraído un poco.

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