Primero viene el veneno y luego la pena
Celine y Rumi al pasar de los años. Una historia sobre la infancia de Rumi y cómo se reconcilia con Celine en su adultez.
Capítulo 3
Rumi tenía diez años y su vieja ropa tradicional le empezaba a apretar el cuello. El bosque que rodeaba el templo en el que vivía con Celine estaba teñido de tonos de amarillo, naranja y rojo. Por la mañana, el cielo pasó de ser del tercer color a tornarse celeste claro, marcando el inicio de aquel jueves de septiembre - el festival de la cosecha.
Rumi tenía diez años y su ropa tradicional le empezaba a apretar el cuello, pero se negaba a cambiarla porque fue un regalo adelantado de Mi-yeong. Sería irónico cambiarla justo en esa festividad, el Chuseok, en el que se rendían honores a los antepasados.
Como cada año, ella y Celine pasaron la mañana preparando platos tradicionales para el ritual de Charye, con la comida ordenada estrictamente. Tras el ritual y las reverencias, debían comer todo.
Luego, debían visitar las tumbas del templo y limpiarlas. Había más de una, no solamente la de Mi-yeong – Rumi no sabía nada de la familia de Celine por fuera del cementerio, solamente que venían de Francia.
Celine siempre estaba más triste durante esos días del mes, apenas la miraba; entonces llegaba la hora de jugar al Yutnori como en cada festividad y por fin volvía a ser ella misma.
Pero ese año alguien visitó el templo.
Rumi no alcanzó a ver de quién se trataba al principio, ya que Celine le dijo que se fuera como si los demonios hubieran regresado por ella. Al estar en su cuarto, sola de nuevo, apoyó la oreja en la puerta y escuchó.
—Sal de aquí, Da-som —Celine le dijo al invitado.
—Solamente quiero hablar —respondió la voz de una mujer—. Han pasado cinco años, no soy igual que antes.
La discusión se volvió más ruidosa y Rumi ya no podía distinguir las palabras. Se sentó en el piso y abrazó sus rodillas, con un nudo en la garganta por el miedo y la confusión. Entonces, un inconfundible olor a quemado se metió por su nariz. El olor del que le habían advertido al limpiar el altar principal.
Celine debió haber estado muy distraída discutiendo, porque Rumi tuvo que salir de su cuarto, bajar las escaleras y correr hasta una de las salas secundarias para comprobar si estaban a salvo.
—¡Rumi! —exclamó Celine—. ¿Qué hac-? ¿Qué es ese olor?
Rumi siguió corriendo, y alguien fue tras ella. Ya dentro del altar, Rumi se dió la vuelta. No era Celine; era la mujer que estaba con ella y su madre en la portada del CD de las Sunlight Sisters. La mujer de la que Celine le habló una vez.
Pero, las velas estaban quemando las lámparas de papel y los biombos de seda, y que Da-som estuviera mirándola con las manos temblorosas no importaba tanto. Rumi tomó el jarrón que había arrastrado hasta allí y comenzó a tirar agua al fuego.
—¡Ayúdame, por favor! —exclamó Rumi frenéticamente.
Da-som tomó un manto para extinguir el fuego mientras que Celine llegó a la escena y usó el extintor. En ese momento ya no había llamas, pero todavía sentían el olor.
Un rato más tarde, los incendios se habían terminado, pero el aire estaba espeso por el humo y a todas les dolía la cabeza.
Salieron al jardín, y en los escalones de madera rodeados por azalea roja, lágrimas de culpa cayeron por los ojos de Rumi mientras se inclinaba hacia abajo.
—¡Lo siento! ¡Es mi primera vez cuidando los altares y puse mal las velas! ¡El incendio fue mi culpa…!
Celine se cruzó de brazos.
—Debes tener más cuidado, Rumi. Se ve que todavía no estás lista para esa tarea.
Rumi asintió, levantándose. Da-som la estaba mirando fijamente así que la niña la miró también.
—Quizá no seas como él —dijo Da-som—. Pero aún debes demostrarlo.
Celine la miró de reojo.
—Da-som…
—¿Como mi papá? —preguntó Rumi—. Él es un demonio malvado, ¡claro que no soy como él!
—Sin embargo, la sangre de demonio corre por tus venas. Así que se debe asumir que eres uno también, no lo contrario. Pero si tú…
Rumi apretó las cejas con enojo. ¿Por qué le estaba diciendo eso?
—¡No soy un demonio! —exclamó antes de que Da-som pudiera terminar de hablar. Su voz salió distinta, profunda e irreconocible.
Ante eso, la Honmoon bajo sus pies tembló y se volvió violeta como sus marcas. El color se extendió por el horizonte y Rumi se quedó callada, mirando a la barrera sobre el pasto con horror. Pero tras unos momentos, la Honmoon volvió a su color normal, como si nada hubiera pasado.
Rumi levantó la mirada con vergüenza. Y cuando hizo eso, la notó, a la forma en la que Da-som la estaba mirando. Con los ojos entrecerrados y el mentón levantado ligeramente, como analizándola.
—Lo siento —repitió la niña, con su voz normal, como si eso pudiera cambiar su opinión—. Fue sin querer.
***
Esa mirada se le vino a la cabeza a Rumi cuando habló con Zoey y Mira por llamada por primera vez, aquel febrero de dos mil diecisiete. Para que el grupo de K-Pop Huntrix pudiera triunfar, Rumi debía convencerlas de que era completamente humana. Debía demostrarles – aunque no lo supieran – que ella no era como su padre.
Sin embargo, a medida que las chicas hablaban sobre sus vidas, más sentía que ellas eran de un mundo distinto al de ella.
—¿Entonces nunca fuiste a la escuela? —preguntó Zoey con preocupación desde el lado izquierdo de la pantalla. Ella era una chica criada en Estados Unidos que se mudó a Corea hace poco, de pelo negro. Por el momento, era bastante tímida, pero Rumi intentaba que no se quedara sin poder hablar al incluirla en la conversación.
—No, estudio en casa —respondió Rumi—. Pero Celine siempre fue una buena maestra, ya van a ver cuando la conozcan.
Mira le dió un trago a su gaseosa de manzana mientras las escuchaba desde el lado derecho de la pantalla. Ella era coreana como Rumi, y también tenía el pelo de colores, pero fucsia. Era la más alta de las tres, y medio seria, sin embargo no tenía ningún problema para hablar como las otras chicas.
—A mí también me educaron en casa, hasta que me emancipé y pude ir a una escuela de verdad. Estudiar fuera del hogar realmente te abre al mundo —comentó.
«Te abre al mundo…» pensó Rumi. «En realidad yo no conozco nada por fuera del templo, el jardín y la montaña.»
Rumi asintió.
—Ah… Entiendo. A decir verdad, no salgo tanto como debería… Perdón, ¿es raro que diga eso? —dijo, riendo nerviosamente.
Zoey también rió.
—No pasa nada, cuando nos veamos en persona, seguramente vamos a salir, ¿no? ¿Podríamos ir a ver una película?
Rumi sonrió. Celine y ella veían películas en casa, pero no solían ir al cine. Sería la primera vez, así que estaba emocionada.
—¡Claro! Me encantaría.
—Yo también digo que sí.
***
Comparado al lugar tan tradicional en el que vivía Rumi, el centro comercial en el que estaba el cine parecía estar décadas en el futuro. Estaba lleno de carteles con luces de colores, había tiendas por cualquier lugar en el que pasaran y el piso de porcelanato brillante relucía. Mientras caminaban, con Mira guiándolas, Rumi se quedó mirando su reflejo en las baldosas blancas, maravillada. Luego, levantó la mirada hacia el techo e internamente comparó todo con el templo - no había lámparas de papel, sino focos redondos y blancos, no había cintas de oración, sino que se veía el segundo piso del lugar.
Pero lo que más impresionó a Rumi fue cuando se detuvieron en el centro del lugar y había unas escaleras que se movían solas.
Rumi se detuvo en seco y se escondió detrás de Mira.
—¿Qué es eso? —preguntó.
Mira la miró con extrañeza.
—¿Nunca has visto unas escaleras eléctricas? Vaya que creciste encerrada.
—¡No puede ser! —exclamó Zoey—. Yo también les tenía miedo de chica. Toma mi mano, no pasa nada —le dijo con una sonrisa.
Rumi tragó saliva y tomó la mano de Zoey mientras las tres se paraban en el primer escalón. Casi perdió el equilibrio cuando la escalera empezó a moverse para arriba…
—Wow… —murmuró, mirando cómo el primer piso se alejaba a sus espaldas—. ¿Pude haber venido aquí todo este tiempo?
Mira y Zoey sonrieron.
—Sí, tenemos mucho que mostrarte —dijo Zoey.
***
Tras subir al segundo piso, el trío entró al cine. El lugar era colorido: El piso estaba cubierto por una alfombra con patrones geométricos y todo estaba decorado con estrellas. Había una gran fila, así que Rumi, parada detrás de Zoey y Mira, esperó a avanzar hacia la boletería con la mano sobre el poste delimitador rojo. Y cuando ya tenían los tickets, compraron bebidas y pochoclo y esperaron unos cinco minutos más para poder entrar a la sala.
Ahí dentro, estaba completamente oscuro salvo por la pantalla en blanco. Subieron unos escalones hasta llegar a sus asientos y tras un rato comenzó la película. Era sobre un bombero que moría y tenía que ir a siete juicios para comprobar si iban a dejar que reencarnara o algo así. Rumi no estaba prestando mucha atención porque no dejaba de ver que, al parecer, Zoey y Mira se estaban divirtiendo con ella, ya que no dejaron de reír en todo el día.
Rumi no pudo evitar sonreír de oreja a oreja mientras sentía calidez irradiando de su pecho. Por fin su deseo de la cinta se había cumplido… Ellas tres eran Huntrix, y si todo salía bien, iban a ser amigas y salvar el mundo juntas.
Cuando terminó la película, Zoey les regaló unas pulseras de la amistad a Mira y Rumi; y Rumi no se la volvió a sacar nunca.
***
Ese año sacaron su primera canción como grupo: “Strategy”. Ya sea porque Rumi era la hija de la estrella Mi-yeong o por el talento de las tres, se convirtió en un hit mundial casi de inmediato. Poco después, vendieron todas las entradas de su primer show: El ver a los fans saltando y gritando sus canciones y a la Honmoon cantar junto a todos fue la mejor experiencia de sus vidas hasta el momento.
En cuánto a Rumi, ella ya no vivía en el templo con Celine, en cambio, se había mudado a una penthouse que ella le había comprado para que habitara con Zoey y Mira. Al pasar tanto tiempo juntas, podrían componer más canciones y entrenar más tiempo; la unión de las chicas Huntrix era uno de los factores que más fortalecía a la Honmoon.
Pero había un problema: La forma en la que Zoey y Mira querían festejar sus logros.
—Rumi, ¿Por qué no quieres ir al spa con nosotras? —preguntó Zoey.
—No tienes que ser tan modesta, somos tus amigas y no te vamos a juzgar —agregó Mira.
—No… No puedo. Es que… —Se detuvo a pensar una excusa—. Tengo que seguir ensayando la coreografía.
—Ensayas todo el día, Rumi. Debes descansar —dijo Mira.
Rumi agitó una mano.
—No, no. Estoy bien, no te preocupes. Vayan ustedes, yo me quedo aquí.
Mira suspiró.
—Siento que no te estás abriendo del todo con nosotras…
Rumi desvió la mirada con culpa.
—Claro… que sí. Confío completamente en ustedes desde que las conocí hace seis meses —murmuró—. Pero, es que… este es mi método. Me gusta ensayar lo más posible.
—Bueno… —dijo Zoey con tristeza—. Para la próxima. Nos vemos después, Rumi. Vamos, Mira.
Mira y Zoey se despidieron de Rumi y se fueron. Si no fuera por sus estúpidas marcas, no tendría por qué esconderse y podría ir al spa…
***
Pasaron unas horas y Mira y Zoey no regresaban, Rumi hasta había terminado su parte de la coreo más de cinco veces. Entonces, le llegó un mensaje. Se sentó en una banca y se puso una toalla en los hombros mientras leía.
Zoey: ru, vamos a ir a comer y luego al centro asi que vamos a volver mas tarde
Rumi miró el mensaje con tristeza; al parecer iba a pasar todo ese día sola…
Rumi: Ok, comprenme algo lindo (˶˃𐃷˂˶)
Suspiró y guardó su celular. Se sentó en el sillón de la sala de estar y, pensándolo mejor, lo volvió a sacar para enviar un mensaje.
Rumi: Hola Celine
Rumi: En serio no hay ninguna posibilidad de que pueda decirles la verdad?
Celine: Hola Rumi
Celine: Ya lo hablamos. Nada puede cambiar hasta que la Honmoon sea dorada.
Rumi se quedó mirando la pantalla en silencio. ¿Qué esperaba?
Rumi: No podrias venir a hacerme la trenza?
Celine: ¿Hay algún problema con Mi-sun?
Rumi pensó en alguna mentira.
Rumi: Se me ven las marcas un poco en la parte de arriba del cuello
Rumi: Se camufla con mi pelo pero igual podría notarse
Celine: Voy para allá
Celine tardó una hora en llegar a la penthouse, lo que le alcanzó a Rumi para desatarse el pelo, que le llegaba hasta los pies. Hace varios meses que no se veían ya que Celine estaba ocupada con la productora Sunlight Entertainment y Rumi, con Huntrix.
—Ey, Celine. ¿Cómo estás? —dijo con una sonrisa nerviosa cuando le abrió la puerta.
—Hola, Rumi —respondió con media sonrisa y entró a la sala—. Bien. Te felicito por el éxito de tu gira.
La sonrisa de Rumi se agrandó y sintió esa calidez de nuevo. Cerró la puerta.
—Gracias. No podría haberlo hecho sin tu ayuda.
Se sentaron en el sillón.
—Ponte de espalda un momento —dijo Celine.
Cuando Rumi se puso de espalda, Celine empezó a separar sus mechones morados para investigar la gravedad de la situación de su cuello… pero entonces se percató de que no tenía ninguna marca. Levantó una ceja y miró a su alrededor.
—¿Dónde están tus compañeras? ¿Me llamaste para no estar sola?
Rumi bajó la cabeza y dejó caer su pelo sobre su cara.
—Zoey y Mira siempre se van al spa y nunca puedo acompañarlas. Es difícil para mí, ya ni puedo caminar por la calle.
Por una vez, la expresión de Celine se suavizó, aunque Rumi no pudo verlo.
—¿Y tus tiras para el pelo y el gel?
Rumi sonrió al darse cuenta de que Celine no se iba a ir incluso tras descubrir la mentira.
—En el tocador de mi cuarto —dijo, y esperó a que Celine los trajera.
Cuando volvió, Celine empezó el proceso poniéndole gel en el pelo a Rumi. Luego, trazó una línea de sien a sien con sus dedos y separó esa sección de su pelo para hacer una colita para adelante. Con cuidado, siguió haciendo colitas hasta llegar a su nuca.
»Hace mucho no hablamos, ¿no? —agregó Rumi.
—Pasó bastante tiempo, pero me alegra que seas independiente.
Luego, volvió a la colita sobre su frente y la desató y peinó. La dividió en cuatro y ató dos secciones sobre la segunda colita, más atrás. Después, tomó las otras dos secciones que había dejado colgando y las ató sobre lo anterior; dejó pelo abajo.
—Que sea independiente no significa que no tenga problema en no verte nunca —respondió, y se arrepintió al instante.
Celine se quedó en silencio un momento, repitiendo el paso anterior.
—No es a propósito, estoy ocupada.
Rumi cerró los ojos, tanto por el enojo como por la relajación.
—Lo sé. Gracias por venir.
Tras una hora, Celine terminó la trenza, que era voluminosa. Rumi no se dió cuenta de cuándo se le corrió el maquillaje por las lágrimas.
—Mírame —dijo Celine, para ver la trenza.
—No —murmuró Rumi.
—¿Qué pasa?
—Y-ya no quiero seguir así. Ocultándome. ¿Pero por qué estar triste? Si de todos modos, no hay otra forma de vivir —dijo, con una sonrisa dolorosa.
—Rumi…
Rumi se dió la vuelta y se lanzó a los brazos de Celine en un abrazo, enterró su cara en su pecho mientras lloraba. Celine se quedó congelada y pensó en aquella niña de menos de diez años que la esperó en la puerta del templo con un peluche. Entonces, Celine puso una mano sobre su hombro y otra sobre su cabeza.
—No te preocupes. Estoy segura de que lo vas a lograr pronto, y Zoey y Mira ni se van a enterar de que escondes algo —murmuró.
Rumi asintió, pero esa posibilidad no hacía que se sintiera mejor.
***
En el invierno de ese año, Rumi visitó la tumba de Mi-yeong. Seguía tan bien cuidada como siempre.
—Mamá… ¿Crees que en algún momento alguien va a quererme como soy realmente? —murmuró Rumi mientras tocaba sus marcas por sobre su abrigo—. Seguro que eso nunca va a pasar… Pero al mismo tiempo, odio tener que seguir escondida de todos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario